ENTRE MÁS DE 400 TERAPIAS Y EL DESEO: ¿Qué es el psicoanálisis?

Este artículo problematiza la pregunta “¿qué es el psicoanálisis?” en un contexto de proliferación de psicoterapias y ofertas de “bienestar” como mercancía. Desde Freud y Lacan, expone la relación teoría–práctica del psicoanálisis, sus riesgos cuando se confunde con lógicas de mercado y su especificidad clínica: el inconsciente, la transferencia, la repetición y el encuentro con lo real. Finalmente, sitúa la orientación ética del psicoanálisis como una práctica que no promete felicidad, sino que toma en serio el síntoma y el deseo.

QUÉ ES EL PSICOANÁLISIS

Sergio Cisneros -ANALIZAR-

2/23/20269 min read

¿Qué es el psicoanálisis?

Pregunta que, de una manera u otra, nos incita a situar el psicoanálisis: no solo en una definición, sino también en una posición; incluso en interrogantes sobre su constitución: ¿de qué está hecho?, es decir, su estructura. La pregunta nos coloca, además, en las especificidades del psicoanálisis.

Es pertinente en la medida en que, ante la múltiple proliferación de ofertas psicoterapéuticas (psicológicas), si no se formula dicha pregunta, estas tienden a absorber al psicoanálisis entre más de 400 terapias: “Se está dando una gran proliferación, a nivel nacional e internacional, de diversos tipos de terapias (Karasu reporta más de 400 variedades de psicoterapias a la fecha) de manera no controlada y poco seria que capitalizan el desconocimiento y confusión de la población en general en cuanto temas de salud mental” (Escandón: 324).

Cuestiones teórico-prácticas

Si bien el psicoanálisis, al igual que muchas otras disciplinas, tiene una teoría en la cual se fundamenta, también tiene una práctica con la cual se ejerce; hay una estrecha relación teórico-práctica desde el psicoanálisis freudiano. Con Lacan es diferente: el psicoanálisis lacaniano coquetea con otras disciplinas, aunque en ese coqueteo hay conceptos que se incrustan en el psicoanálisis; tal es el caso, por ejemplo, del concepto de significante, retomado desde la lingüística de Saussure, y que Lacan retoma para mencionar: “el inconsciente esta estructurado como un lenguaje”.

Podríamos decir que dicho coqueteo no es sin consecuencias, o bien, que implica una cierta responsabilidad. Entonces, hagamos nuevamente la pregunta: ¿es válido que el psicoanálisis coquetee con el capitalismo? Para ser más claros: ¿es válido ofrecer el psicoanálisis como oferta de mercado? Y si no es así, ¿cuáles serían sus consecuencias? Si es que las hay.

Varios puntos se despliegan. Por un lado, si teoría y práctica se corresponden, hacer que el psicoanálisis coquetee con el capitalismo puede llevar a lo que Marcelo Pasternac define como “confusión de Babel” o como “el suicidio del psicoanalista”: que, en todo caso, la práctica psicoanalítica se disuelva y sea todo menos psicoanálisis. De ahí la frase de Allouche: “el psicoanálisis ha terminado por no saber donde esta parado”. Aquí hablaríamos de un psicoanálisis que ya no es.

Pero, por otro lado, si el coqueteo funciona como pantalla, puesto como un “supuesto”, como función “agalmatica”, esto permitiría entender y situar al psicoanálisis. Podríamos suponer que, en su dimensión teórica, puede tener cierta apertura agalmatica de supuesto saber teórico para que este se problematice. Sin embargo, esto no quita la responsabilidad que implica: el psicoanalista tendría que dar cuenta de cómo relaciona el psicoanálisis con otras disciplinas, para que le sirvan y no para que entre en una confusión que ya no permita el ejercicio psicoanalítico.

Así, la práctica psicoanalítica seguiría recurriendo a Freud en sus fundamentos —hipótesis del inconsciente, transferencia, etc.— y a Lacan en su reformulación de Freud y en todos aquellos conceptos que permiten el fundamento de la práctica psicoanalítica.

Actualmente, muchas de estas ofertas se presentan como objetos del mercado y prometen la tan anhelada felicidad —por supuesto, sin cumplir dicha promesa—. Esta pretensión tiende a colocar al psicoanálisis como una práctica “pasada de moda”, bajo la idea de que existe una supuesta evolución y maneras “más certeras” y actuales de proceder, desplazándolo hacia una práctica anticuada, asumiendo la lógica de que lo actual es igual a ser mejor.

Sin embargo, incluso dentro del mismo psicoanálisis, se observa una serie de propuestas ofertándose en el mercado de manera “creativa”. Entonces, podemos preguntar: ¿podemos meter el psicoanálisis en la lógica del capitalismo? Pregunta interesante, porque permite problematizar cuestiones teóricas psicoanalíticas.

Si bien es cierto que, en la clínica, pueden llegar con algún tipo de diagnóstico de los que actualmente proliferan, lo que se pone en escena es la posición del psicoanalista y la orientación de su práctica. Se entra también a otra dimensión: su relación de “supuesto”, es decir, su posición política. Podríamos cuestionarnos: ¿hay un desvío del psicoanálisis? Tal como Lacan denuncia en su momento.

Si consideramos que teoría-práctica se corresponden, con Lacan hay ya una clínica psicoanalítica diferente, pero ¿en qué consisten estos cambios teóricos que se reflejan en la clínica? Lacan, en el seminario “Los escritos técnicos de Freud”, menciona que los conceptos freudianos están abiertos a revisión: “El pensamiento de Freud esta abierto a revisión. Reducirlo a palabras gastadas es un error. Cada noción posee en él vida propia. Esto es precisamente lo que se llama dialéctica” (Seminario I, Lacan: 11).

Este “retorno a Freud”, como Lacan lo nombra, es un retorno a las fuentes y de manera dialéctica: regresa a Freud desde diferentes puntos, de una manera que no es monista, replanteando las vías por las que Freud abrió paso: “Si no subrayamos la diferencia que existe entre esta primera vez, y todo lo que ha venido después – nosotros que nos interesamos, no tanto en esta verdad, como en la constitución de las vías de acceso a esta verdad-…” (Seminario I, Lacan: 40).

Esta revisión abre teorizaciones propias. Lacan, en un primer momento, cuestiona conceptos freudianos y apreciaciones teóricas y prácticas; se topa con lo que llama “desviación de los conceptos psicoanalíticos” cuando muchos analistas hablaban de la resistencia del analizante, de dos cuerpos psicológicos, de interpretar de yo a yo, etc. Lacan cuestiona los fundamentos de la práctica psicoanalítica —tomando la idea de Allouche, lo hará desde su ternario IRS— abriendo paso a un nuevo paradigma.

CONCLUSIÓN

Así, retomando la frase de Lacan: “los conceptos freudianos están abiertos a revisión”, se plantea la apertura del psicoanálisis para su relación con otras disciplinas. Sin embargo, el diálogo quizá tendría que estar marcado, de alguna manera, por los tres registros RSI para colocar —por decirlo así— cada cosa en su lugar, donde “El análisis, mas que ninguna otra praxis, esta orientado hacia lo que, en la experiencia es el hueso de lo real” (Seminario 11, Lacan: 61).

Esto permite que la práctica psicoanalítica conserve una especificidad que la constituye como tal. Así, preguntarse constantemente ¿qué es el psicoanálisis?, además de ser pertinente, evoca la falla simbólica, en el sentido de que el psicoanálisis no lo ha dicho todo, ni lo hará; y es precisamente en esto, en lo real, donde tiene cabida, distinguiéndose de las múltiples terapéuticas que se proponen bordearlo, adaptarlo, etc.

Algo como el síntoma —punto medular— toma dentro del campo del psicoanálisis una connotación muy diferente a la “curación” de las prácticas psicológicas.

BIBLIOGRAFÍA
  • Allouche, Jean. Freud, y después Lacan. Edelp.

  • Lacan, Jacques. Los escritos técnicos de Freud. Paidós.

  • Lacan, Jacques. El yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica. Paidós.

  • Lacan, Jacques. La ética del psicoanálisis. Paidós.

  • Lacan, Jacques. Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

  • Escandón. “Una perspectiva antropológica sobre el síntoma”.

Podríamos decir que, con el ternario IRS como base, Lacan reordenaba los conceptos freudianos. Así, el estadio del espejo, que a grandes rasgos muestra cómo se forma la imagen especular, reconceptualiza los conceptos del yo, distinguiendo un Yo (moi) y un Yo (je). Esto permitió resituar la clínica psicoanalítica cuyas interpretaciones estaban puestas de Yo (analista) a Yo (analizante) y repensar desde dónde se estaba interviniendo.

Lacan inserta el orden simbólico, la función creadora de la palabra, el significante, el Otro, para ir apartando intervenciones colocadas en lo imaginario hacia intervenciones colocadas en lo simbólico. Así, Lacan logra salir del atolladero en el que estaban muchos analistas de su época.

En cada seminario, Lacan se acerca con su paradigma IRS para abordar distintos conceptos de Freud. Esto permite que reinvente el psicoanálisis e inserte nuevos conceptos, grafos, esquemas, etc., como una manera de formalizar la experiencia psicoanalítica. Abre temas como el deseo de Freud, el deseo del analista, o el deseo desde la experiencia psicoanalítica; este concepto lo instala como deseo del Otro. Esto implica que el deseo sea puesto en la metonimia de la cadena significante y que se articule por el significante proveniente del Otro.

En el seminario “La ética del psicoanálisis”, el deseo tiene una parte cómica y una trágica. Plantea el mito edípico: en el momento trágico, Edipo, al renunciar a los bienes, busca su deseo, pero esto lo conduce a la dimensión trágica: descubre que mató a su padre y poseyó a su madre; se enfrenta a la castración. La cuestión cómica es que el deseo, como metonímico, nunca se cumpliría: “Digamos en una primera aproximación que la relación de la acción con el deseo que la habita en la dimensión trágica se ejerce en el sentido de un triunfo de la muerte… la negación idéntica a la entrada del sujeto sobre el soporte del significante. Es el carácter fundamental de toda acción trágica… Lo cómico pudieron ver que se trata también de la relación de la acción con el deseo y de su fracaso fundamental en alcanzarlo” (Seminario 7, Lacan: 373).

La pregunta al final del seminario “La ética del psicoanálisis” —¿ha actuado en conformidad con su deseo?— permite que el psicoanálisis, en su ética, considere la actuación del deseo.

En el seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis”, Lacan cuestiona: ¿qué es el psicoanálisis? Se revisan cuatro conceptos que fundamentan la práctica psicoanalítica: “Inconsciente, transferencia, repetición y pulsión”. El inconsciente ya no está en ninguna profundidad del aparato psíquico, sino estructurado como un lenguaje, proveniente del Otro.

Con respecto a la repetición, Lacan menciona: “El análisis, más que ninguna otra praxis, esta orientado hacia lo que, en la experiencia es el hueso de lo real” (Seminario 11, Lacan: 61). Toma dos conceptos de Aristóteles, tyche y automaton: automaton lo coloca en la red de significantes, y tyche como el encuentro con lo real. Lo real, aquí, es aquello que está tras el automaton. Lacan coloca la repetición no como retorno de signos ni como reproducción, sino como algo que surge: la tyche como azar. Así, la tyche tiene una función: “lo real como encuentro”, encuentro que puede ser fallido y que asemeja al concepto freudiano de trauma.

Para Lacan, lo real está en el principio de la elaboración teórica del psicoanálisis, como aquello inasimilable, como trauma: “¿cómo puede el sueño, portador del deseo del sujeto, producir lo que hace surgir -repetidamente al trauma- si no su propio rostro, al menos la pantalla que nos indica que todavía esta detrás?” (Seminario 11, Lacan: 63).

Toma de “La interpretación de los sueños” de Freud un sueño al que Lacan da una lectura diferente al cumplimiento del deseo; lo utiliza para mostrar dónde la repetición falla y apunta a esa falla: un encuentro fallido con lo real. El sueño “Padre que no ves que ardo”: hay algo que se repite en medio de la realidad, pero que no es de la realidad; es producido por azar.

Ahora bien, ¿cuál es el encuentro fallido? “El mal encuentro central esta a nivel de lo sexual. Lo cual no quiere decir que los estadios tomen un tinte sexual que se difunde a partir de la angustia de castración. Al contrario, se habla del trauma y de escena primaria porque esta empatía no se produce.” (Seminario 11, Lacan: 72).

¿Dónde situar entonces al psicoanálisis?