La divinidad de la comedia en La Divina Comedia de Dante

Leer La Divina Comedia de Dante Alighieri no consiste únicamente en recorrer el Infierno, el Purgatorio y el Paraíso como si se tratara de tres regiones imaginarias de la tradición cristiana medieval. Supone, más bien, ingresar en una de las construcciones literarias, filosóficas, teológicas y poéticas más complejas de la cultura occidental. La obra de Dante no sólo representa un viaje del alma; también despliega una vasta meditación sobre el lenguaje, el exilio, la culpa, el deseo, la justicia, la historia, la política y la posibilidad humana de orientarse en medio de la pérdida. Por ello, hablar de La Divina Comedia implica preguntarse por el sentido de sus dos términos fundamentales: lo “divino” y lo “cómico”. Ambos conceptos, lejos de ser simples etiquetas, abren un problema mayor: ¿qué clase de obra es esta que, escrita en verso, puede leerse como poema, relato, tratado moral, visión teológica, archivo histórico, drama del alma y mapa simbólico del universo medieval? La pregunta no es menor, pues en ella se juega una de las claves de su permanencia: Dante no escribió solamente para su siglo; escribió una arquitectura verbal capaz de seguir interrogando al lector contemporáneo.

Francisco Bolaños O. - ANALIZAR-

5/26/20265 min read

Considerada por diversas tradiciones literarias y aún, por escritores de múltiples latitudes, culturas y tiempos, como la más grande obra de la literatura universal (Mínguez, en Alighieri, 1979, p, 21), La Divina Comedia ostenta, en su título, dos términos que conviene poner sobre la mesa. El primero de ellos es el adjetivo divina, mismo que Bocaccio le otorgó en el siglo XIV al largo poema de Dante, escrito casi ciento cincuenta años antes (Alvar, en Alighieri, 2015, p. xxxii). Alighieri publicó en vida una larga serie de escritos; rimas, romances, cartas, églogas, etc; de las cuales, las cinco más importantes siguen siendo El tratado político De la monarquía, el ensayo lingüístico Sobre la elocuencia (de la lengua) vulgar. El convivio, el poemario La vita nueva y, sin duda, La Divina Comedia, y es pertinente insistir; Dante no le hubiese llamado “divina” porque, aun siendo un tratado sobre la divinidad, era claro que para el poeta florentino su escritura no se igualaba con la Sagrada Escritura.

Ahora bien, el término comedia parece una declaración del subgénero literario al que pertenece, y verdaderamente, esto plantea más preguntas que soluciones. La clasificación convencional en literatura nos dice que los tres principales géneros son la poesía, la narrativa y el teatro (Goethe, 1819); dentro de este último, los tres subgéneros mayores son: la tragedia, la comedia y el drama, mientras que la sátira, la farsa, el entremés, el paso, el auto sacramental, entre otros, representan subgéneros menores tanto en la extensión como en personajes (Batancourt, 2014)

Así, La Comedia tendría que considerarse un texto teatral, pero es evidente que al estar escrita en verso (endecasílabos en rima encadenada; estrofas tercetas; entre 115 y 160 versos por 34 del Infierno, 33 del Purgatorio y 33 de Paraíso: un total de 14233 versos en cien cantos) y ser una extensa narración (incluso en las traducciones en prosa a otras lenguas se la ha reconocido como novela), los límites clasificatorios se difuminan. En cuanto a subgénero pasa lo mismo, pues si bien Dante nombró así a su Comedia (Costa, en Alighieri, 2006, p.9, nota a), no debe olvidarse que el amargo entorno del exilio y la desgracia de las almas, torna su relato (sobre todo en el Infierno) dramático y trágico. Qué decir de los recursos menores, cuando encontramos que por su temática pudiera considerarse como un auto sacramental y por las descripciones licenciosas y burlescas de demonios y condenados, una sátira o farsa, al menos parcialmente.

Y no obstante toda esta variedad de recursos, cuatro ejes doctrinales vinculan a esta magnánima obra con su contexto escolástico: La Sagrada Escritura (la Biblia, se dice actualmente), la naciente historiografía europea, el tránsito de la astrología medieval a la astronomía moderna y el mundo clásico, enmarcado éste de forma magistral bajo sus tres pilares: la mitología, la filosofía y la poética latina. Con todos estos elementos Dante se relata como el protagonista de un largo sueño que subvierte el orden aquí mencionado; parte del encuentro con el mundo de la poética y la filosofía aristotélica representada por Virgilio; ambos recorren los círculos del infierno resguardaos por criaturas míticas; el Purgatorio es una montaña cuya ascendencia va revelando la nueva geografía de los reinos itálicos y aún continentales; finalmente, el Paraíso ya es una previsión de que una inteligencia científica superior (La Trinidad) contiene en sí una explicación astral que es inefable al lenguaje humano. El toque de piedra de todos estos elementos es la figura de Beatrice, que al ser La Mujer que representa los anhelos más sublimes del poeta, abre otros derroteros en la discusión sobre las alegorías.

Para un recorrido justo a la figura, tanto del autor, como de la obra y una relevante exquisitez línea a línea, es indispensable la lectura de Nueve ensayos dantescos, en los que Jorge Luis Borges alienta vívidamente al potencial lector que, ante la magnitud de la Commedia, puede fácilmente leer estos breves, pero sustanciosos artículos. Conviene destacar, por tarea de presdigitación, que el maestro bonaerense utilice deliberadamente el calificativo dantesco, dado que dicho vocablo se sinonimaba con horrendo u horroroso. Nada menos justo al carácter de la obra en su totalidad, pues si bien el infierno narradescribe el destino fatal de los condenados o pecadores, no es posible homologar la atmósfera “de Dante” a tan sólo una de las tres instancias que el poema despliega.

Una última observación quizás historiográfica y estilística sale al paso en la encomienda de este escrito, -y es justo a partir de uno de los ya dichos ensayos;

“…el poema de Dante es esa lámina de ámbito universal. Creo, sin embargo, que si pudiéramos leerlo con inocencia (pero esa felicidad nos está vedada), lo universal no sería lo primero que notaríamos y mucho menos lo sublime o grandioso…La astronomía ptolomaica y la teología cristiana describen el universo de Dante. La Tierra es una esfera inmóvil; en el centro del hemisferio boreal (que es el permitido a los hombres)…” (Borges, 1982, p. 3-4)

Dicha observación, contiene, en germen, el por qué puede devenir tan difícil esta lectura, empero, lo más apasionante de esto es que la Commedia ni está escrita en época actual, ni asume ideales actuales y en eso encuentra su valía. En un mundo en donde el oprobio domina con discursos soeces, reencontrar una razón para volver a reiniciar el camino de la vida es una labor suprema.

Referencias:

Alighieri, D. (2015) Divina Comedia. Alianza. Versión poética de Abilio Echeverría. Prólogo de Carlos Alvar.

Alighieri, D. (1979) La Divina Comedia. Bruguera. Traducción en prosa de E. Rodríguez Villanova y F. Sales Coderch. Estudio preliminar de José Miguel Mínguez Sénder.

Alighieri, D. (2006) La Divina Comedia. Época. Traducción en prosa de Manuel Aranda y Sanjuán (Edición de 1921) y notas adicionales de Paolo Costa.

Betancourt, M. (2014) Literatura. Mc Graw-Hill.

Borges, J. (1984) Nueve ensayos dantescos. Versión electrónica: https://s22850b56d26c3a83.jimcontent.com>name

Goethe, J. (1819) Formas naturales de poesía. Versión electrónica en: https://www.einladung-zur-literaturwissenschaft.de/4-2-3-3-naturformen-der-dichtungc9bb.pdf?catid=39%3Akapitel-4&format=pdf&id=147%3A4-2-3-3-naturformen-der-dichtung&option=com_content&view=article&utm_source=chatgpt.com

Jakobson, R. (1977) Ensayos de poética. FCE.

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